Padre 4/02/2026

Novo Nordisk se ha pegado un buen batacazo. Y eso que parece que medio mundo está pinchándose Ozempic como si fuese colonia. No lo entiendo. Ventas disparadas, titulares constantes, médicos hablando del milagro metabólico, y la acción baja. Mucho.

He leído un par de análisis para tranquilizarme. Que si expectativas ya descontadas, que si competencia futura, que si márgenes. Todo muy razonable. El mercado siempre tiene razón, dicen. Yo sospecho que el mercado tiene más bien humor. Un día eufórico, otro melancólico. Y nosotros intentando adivinarle el carácter.

He estado tentado de ampliar posición. Esa frase me gusta: ampliar posición. Suena a general romano. Al final no lo he hecho. No por prudencia. Bueno, si, por prudencia. ¿Cuánto dinero me ha hecho perder esa prudencia en los últimos dos años, cuanto todo ha apuntado hacia arriba? Me he preguntado si invertir no es otra forma de sentir que participas en algo grande sin moverte del sofá. Un capitalismo doméstico, limpio, ordenado, donde el riesgo se mide en porcentajes y no en sudor. Mi padre no podía imaginar que yo estaría con estas cosas. Su mundo era otro, más pequeño.

Mientras miraba el gráfico he pensado que la pérdida no me duele tanto como debería. Quizá porque no necesito ese dinero ahora. O quizá porque ya he aprendido que el rojo también forma parte del paisaje. Porsche, Novo Nordisk… nombres propios que entran y salen de mi cabeza como si fuesen conocidos lejanos.

No le he dicho nada a mi mujer. No porque quiera ocultarlo, sino porque no sabría muy bien cómo contarlo sin parecer un niño enseñando cromos.

Etiquetas