Ha empezado febrero y me he dado cuenta de que nadie habla ya de Venezuela. Hace un mes parecía que el mundo se iba a romper por ahí. Informativos, tertulias, indignación de sobremesa, valoraciones cómicas del chándal de Maduro. Ahora nada. Otro asunto ha ocupado su lugar, no sabría decir cuál. Siempre hay otro. Yo pensaba que el chándal de Maduro se iba a convertir en icono pop, pero no ha sido así.
Esto no lo escribo con cinismo, sino con una especie de cansancio aprendido. Las causas lejanas duran lo que dura nuestra capacidad de comentarlas sin que interfieran demasiado en la cena. Luego se archivan. Comida rápida. Me pregunto qué pasará con todo eso cuando ya no sirve ni siquiera como conversación. La realidad percibida parece un ranking en las parrillas informativas. Cuando se dio relevancia a la tragedia de Gaza, tuvimos la sensación de que la guerra entre Rusia y Ucrania había ya acabado.
Sin embarto hoy, en el trabajo alguien ha mencionado Venezuela de pasada, para hacer una comparación torpe con no sé qué negociación sindical. Nadie ha recogido el hilo. He pensado que el mundo funciona así: los problemas graves se convierten en metáforas, y luego desaparecen.
Cartera de inversiones, tema recurrente. Me gusta ese nombre, cartera, tiene categoría. Porsche sigue ahí, ni bien ni mal. Más bien mal. Cuando hay alguna inversión nueva le dedicas mayor atención que al resto. Yo creo que es para ver si acertaste, para sentir ese calorcito que dan las buenas decisiones. De momento ha bajado, pero no me importa, no compro para vender pronto. No hago trading, aunque a menudo pienso en hacerlo. El trading, el intradía, es para ludópatas, y pensaré eso hasta que decida jugar yo tambié. Poco a poco me voy haciendo con un vocabulario técnico: trading, stop loss, resistencia, soporte… Cuando me ingresan un dividendo soy el tío más feliz del mundo. ¿Có es posible que sea tan feliz y que no le cuente nada de esto a mi mujer?
Por la noche he leído un rato y después he estado escuchando en la radio, donde se hablaba de la polémica con el escritor David Uclés, que no quiso acudir a unas jornadas donde estaba Aznar y Espinosa de los Monteros. No tengo una opinión formada al respecto, aunque creo que, en su caso, hubiese ido. No me parece un tema interesante, por otra parte, pero lo he estado escuchando porque terminé hace poco un libro suyo que «me trajeron los reyes».
Me dormí, y he hecho una pequeña trampa, ya que esto no esta escrito el día dos, sino el tres por la mañana. Son las 7:45 y acabo de enviarlo. Estaré pendiente del movil, por si acaso me lo devuelven. No creo que suceda, así al menos veré la rigidez de la norma.