Hijo 2/02/2026

Hace días que no hablo de fútbol. Es algo premeditado, y cobarde. No puedo evitar pensar que al otro lado hay alguien, que esto es leído por alguien más que por mí. Así que, y aquí viene la cobardía, como el falso periodismo insiste en crear un país de madridistas, decicí no hablar de fútbol, ya que para mí hablar de fútbol es mostrar mi odio hacia Real Madrid. No es algo de lo que me sienta orgulloso, pero no puedo evitarlo. Nos pasa a muchos.

Ayer hubo fútbol. Como el Madrid empataba en casa contra el humilde Rayo, añadieron nueve minutos para apoyar la causa. Cero dudas. Estas cosas hay que asumirlas, son parte del circo. Yo creo, por otra parte, que los profesionales del resto de equipos no deberían quejarse, porque gracias a estas cosas un tipo que entrena al Burgos, o al Castellón, o al Levante, o al Córdoba, puede cobrar un pastón, por el mismo motivo por el que apostaría a que la sección deportiva de cualquier radio española tiene más presupuesto que Radio 5 Todo Noticias. Pues bien, mi tesis es que para que esto ocurra es necesario que el árbitro alargue lo que sea necesario para que el Madrid pueda ganar. Al final, Real Madrid 2 Rayo 1, gol de Mbappe en el 99. De penalti, aunque esta vez puede que fuese. El Atlético empató el sábado con el Levante. Una pena de equipo. No creo que Simeone pase de este año.

El Madrid representa demasiadas cosas a la vez: poder, dinero, relato. Incluso cuando pierde, gana. Me produce rechazo esa sensación de inevitabilidad. Ejemplo: cuando Courtois era portero del Atlético, en la prensa deportiva se decía que era un magnífico portero; cuando fichó por el Real Madrid se convirtió en el mejor portero del mundo.

Me siento algo ridículo hablando de fútbol. El sábado estuve con Olga, de eso es de lo que debería hablar. Lo curioso es que ya no discuto por esto con nadie. Antes sí. Ahora lo vivo en silencio, como tantas otras cosas. Me limito a disfrutar cuando pierden y a cambiar de tema cuando ganan.

Hoy en el trabajo todo ha ido normal. Cada vez me pesa menos la palabra “almacén”. Me sorprendo defendiéndolo mentalmente, como si alguien me estuviese atacando. Nadie lo hace. El conflicto está solo en mi cabeza.

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