Le estoy dando vueltas a una cosa, ¿no seré yo el personaje menos interesante de estos diarios? No lo digo como queja, solo como duda, teniendo en cuenta lo que he escrito hasta ahora. No tengo grandes conflictos, ni historias especialmente intensas, ni decisiones urgentes. Estoy en una edad que se supone que debería estar llena de cosas, pero la mayor parte del tiempo todo es bastante normal. Además, si, a veces voy de lista, no puedo evitarlo, me pasa en la vida, y eso resta. Si yo fuese el lector, creo que no me gustaría demasiado. Supongo que el resto de personajes tampoco serán el Quijote, por ejemplo. Veis, otra vez mirando por encima del hombro. Quererdme así, por favor, no lo puedo evitar.
Pero claro, eso no debería empujarme a forzar nada. No quiero convertirme en personaje a base de exagerar lo que siento o de buscar situaciones que no me apetecen solo para tener algo que contar. Hay una forma muy adolescente de querer vivir deprisa para parecer interesante, y creo que ya he aprendido que eso suele acabar mal o, como mínimo, siendo ridículo. Si quieren ver algo como la serie Euphoria, vean la serie Euphoria. Esto es, disculpen la petulancia, un ejercicio de sinceridad. En la medida de lo posible, ya que las teclas de este teclado son también gatillos que apretar.
Ejemplo de realidad. Mis inquietudes hoy han sido bastante pequeñas: si debería cortarme el pelo, si engordaré mucho este semestre, si el chico que me gusta lo suficiente como para pensar en él de vez en cuando lo hace también conmigo, cosas así. Les recuerdo que tengo diecinueve años, denme una oportunidad. He pasado media hora mirando ropa por internet sin comprar nada. He leído unas cuarenta páginas del libro, algunas de las cuales he tenido que releer porque se me iba el santo al cielo (expresiones carcas de papá y mamá). Esa soy yo, una más.
Si soy poco interesante ahora, no pasa nada. No todo el mundo tiene que estar siempre en el centro del relato. A veces basta con estar dentro, mirando alrededor.