Madre 28/01/2026

He quedado a tomar café con Clara después del trabajo. Me lo ha propuesto ella. Obviamente, he pensado que iba a decirme que se iba, y me ha parecido elegante hacerlo así, las dos solas, con una mesa de por medio, ajena a la empresa, que eliminase las jerarquías. Pues resulta que no, que le apetecía conocerme un poco mejor fuera del trabajo. ¿Dónde han estudiado estos niños para actuar así? Ha pedido un café americano. Hasta en eso intenta distinguirse. Encantadora, bonita voz. Bonita en general. Le gusta mi estilo, me ha dicho, y no parecía que fuese una adulación gratuita para medrar en el trabajo. Medrará sin necesidad de estas zarandajas. Hablaba y escuchaba cuando tocaba.

Está buscando piso, como mi hijo. La diferencia es que ella parece buscarlo de verdad. Le he dicho que tenía un hijo de su edad. Lo tendrías muy joven, me dice, sin querer ser galante. Y si, lo tuve joven para sus parámetros, no tanto para los míos. Hemos acabando hablando de ropa. Una conversación banal, pero divertida, que ha animado la conversación. Usa ropa cara, de lo que deduzco, junto con el resto de su puesta en escena, una familia acomodada. Tengo muchos prejuicios, claro, pero para este apostaría toda mi fortuna. Ha sido un buen rato, casi una hora.

Qué rato tan extraño, pero tan gratificante, he pensado en casa mientras descongelaba en el microondas unos filetes de pechuga de pavo.

Etiquetas