Porsche no acaba de arrancar. Parece un juego de palabras, pero es así. Más rojo que verde, de momento. Hay algo mágico en que un número en la pantalla del móvil sea en realidad algo que puedes cambiar por objetos reales, como comida, o como un buen abrigo para un día como hoy.
En el café, uno de los compañeros ha vuelto a hablar de la jubilación. Es muy pesado. Dice que se va a jubilar antes de tiempo, a los sesenta y tres, pero todos sabemos que no lo va a hacer. No lo va a hacer porque no tiene nada mejor fuera de aquí. Aquí hay gente que cuando llega a los sesenta y cinco solicita prorrogar el trabajo más años. El diagnóstico está claro: no has conseguido construir en sesenta y cinco años algo que merezca la pena. Me daría mucha pena que me sucediese algo así. Creo que solo tendría cabida si mi familia me abandonase. Pero he empezado a hacer planes para la jubilación, poco definidos, bocetos de proyectos. ¿Por qué esperar? Esa pregunta sale enseguida. Tengo tiempo ahora para hacer más cosas de las que hago. He entrado en la web de la Seguridad Social. Al entrar, en la primera página puedes ver los días que te quedan para jubilarte, y los días que has trabajado. Es una cifra terrible, la de los días que has trabajado. Miles de días. Años haciendo cosas que no te interesan para ganar tu sustento. Nos hemos organizado así, y es fácil ver que tiene que ser para que otros dispongan del tiempo que nosotros ofrecemos. Antes me sabía bien los conceptos de trabajo marxistas, pero ya no me acuerdo. Qué barbaridad de días he trabajado ya. Tanto esfuerzo solo para sobrevivir. La página de la Seguridad Social es una especie de oráculo que dice verdades que no te apetece escuchar.
Al volver a casa he coincidido un rato con mi hija. Estaba leyendo en el sofá, con esa concentración tranquila que tienen algunos jóvenes y que a mí me cuesta cada vez más. Me ha preguntado si podía quedarse el libro. Le he dicho que sí, claro. Me gusta pensar que algo mío sigue circulando en su sangre, que lo hereditario va más allá de lo genético. Se hizo un sello, un ex libris, para los libros que le gustan.
Cena y tele.