Madre 26/01/2026

Voy a contar algo que no conté el pasado sábado. Fue algo premeditado, preferí escribir sobre nuestra salida a cenar algo por los bares, como quien cumplimenta un formulario para pasar un trámite. Creo que así no estoy cumpliendo con le que mi hija me pidió, así que hoy lo enmiendo. Es, como digo, una creencia, ya que no hay instrucciones al respecto, pero, si esto es un diario, intuyo que esto implica exposición y esa mezcla de incomodidad y liberación que supone escribir algo para ti mismo.

El sábado quedé con Mapi después del gimnasio. Un vermú rápido que luego no lo es tanto, como en otras ocaciones. Sin darnos cuenta acabamos hablando de hombres. De los nuestros y de los otros. O, mejor dicho, de las posibilidades.

Le conté lo de la comida con el ejecutivo. Mientras hablaba, noté algo raro: estaba exagerando un poco. No los hechos, pero sí el tono. Como si al narrarlo necesitase darle más peso del que tuvo, o del que yo misma le di en su momento. Mapi me escuchaba con atención, con ese brillo cómplice que aparece cuando una historia roza lo prohibido, aunque sea de lejos.

Eso me inquietó. No porque contase nada grave, sino porque algunas sensaciones han salido de mí y ahora existen también en otra cabeza. Me parece peligroso que ciertas cosas crucen la piel y se conviertan en un relato compartido por muy amiga que sea. Mapi habló también de sus flirteos. De uno en concreto que, hace tiempo, pasó de las miradas a los hechos. Lo ha contado sin dramatismo, casi como una anécdota. No la he juzgado. Tampoco la he envidiado, cada una gestiona su deseo como puede. Vaya con Mapi. Suponía que el flirteo iba bien con su carácter, algo alocado, y con un cuerpo voluptuoso que le garantiza un público con el que practicar, pero no esperaba que hubiese dado el salto. Pero bueno, fue hace quince años, entre un embarazo y otro. Demasiada tensión en casa, me dijo, sin asomo de arrepentimiento.

Volví a casa con la sensación de haber abierto una puerta pequeña que preferiría mantener cerrada. No pasa nada. Pero ahora sé que existe.

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