Hijo 26/01/2026

La academia de oposiciones es, sin exagerar, el lugar más aburrido por el que he pasado nunca. Y eso que he trabajado en almacenes y sitios de mierda. Gente sentada con cara de estar esperando que termine algo que no ha empezado todavía. Caras grises, cuerpos quietos, bolígrafos subrayando sin ganas. Alguna chica guapa, sí, pero incluso eso parece fuera de lugar, como una planta decorativa en una oficina pública.

Pagas ciento cuarenta euros al mes por la promesa de una vida aburrida. No rica, no interesante, no especialmente feliz. Aburrida. Una vida sin sobresaltos, sin sustos, sin la angustia de no saber qué va a pasar el mes que viene. Y lo peor es que, a priori, no hay opciones mejores. O esto, o seguir cargando cajas.

He pensado que es extraño el mundo que hemos montado, cuando la mayor aspiración es que no ocurra nada. Que el tiempo pase sin hacer ruido. Que nadie te moleste demasiado. Supongo que es una reacción lógica después de generaciones convencidas de que podían cambiarlo todo.

Mi padre ha conseguido algo parecido. No le ha ido mal. Quizá esto vaya de herencias que no se nombran. Aspiramos a ser una saga. Título de película para esta saga: Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto.

Etiquetas