Padre 24/01/2026

He decidido en qué invertir los 20.000 euros. Lo llevaba pensando semanas, pero ayer lo vi claro y me lancé. Porsche. Grupo Volkswagen. No es una decisión impulsiva, aunque pueda parecerlo. Trato de aprovechar la bajada general del sector del automóvil. Si algo ha bajado mucho, pueden pasar dos cosas, que siga bajando o que empiece a subir. Mi experiencia me dice que esto no siempre tiene que ver con el valor real de la empresa, sino con otras circunstancias que afectan a los mercados. Nadie sabe lo que va a pasar, o, al menos, nadie que actúe a mi nivel, así que tampoco hay que buscarle mucha explicación. Las inversiones tienen algo de acto de fe. Quinientas acciones, un número redondo que me permite calcular de cabeza la ganancia o la pérdida.

Entiendo perfectamente lo que significa socialmente la marca: velocidad, lujo, exhibición. Todo lo contrario de mi manera de estar en el mundo. Y, sin embargo, hay algo en la ingeniería, en la idea de un producto bien hecho, que me resulta tranquilizador. No voy a conducir uno. Ni siquiera me interesa. Me interesa que exista, que funcione, que se venda. El dinero también tiene algo de abstracto: no es lo que representa, sino lo que hace mientras no lo miras. Por supuesto, también he pensado en como encaja esto con mi faceta, reconocida, de impostor. Puedo criticar a Porsche, a los que compran un Porsche, o al sector del lujo en general, y dedicar un año de sueldo a desear que a la empresa vaya como un tiro. Mi segunda opción era Louis Vuitton. Pertenecer al grupo automovilístico más grande de Europa me da cierta tranquilidad, no tanto de asegurar la ganancia como de evitar la quiebra y, así, los veinte mil. Confío en Alemania; veinte años después de dedicarse a gasear judíos eran ya la principal economía europea. Hablan mucho del desembarco del coche chino, pero mi teoría es que hemos dedicado un gran esfuerzo, por un lado, a que nuestro coche sea el espejo de nuestro estatus y, por otro, a menospreciar lo chino sin poner ningún dato encima de la mesa. Es decir, no importa si el coche chino es bueno o no, sino lo que pensará tu vecino. No entiendo nada de coches. Tenemos un ford focus muy normalito, muy de clase obrera, o de funcionario.

Hoy toca poner las cifras. Si no lo hago más a menudo es porque me cuesta un rato hacer el cálculo. Me recuerda a cuando nuestro padres iban a la ventanilla del banco a actualizar sus cartillas. Tal vez no sea importante para el hipotético lector. Sospecho que se saltará este apartado o lo leerá en diagonal, pero sí es importante para mí. Mirar las cifras de frente obliga a aceptar que una parte de mi vida se ha reducido a observar cómo suben y bajan números, como se miran en el hospital las constantes vitales en el monitor. Si, esto último es exagerado.

  • Santander 4325: 45282,75 €
  • CaixaBank 1800: 18918 €
  • Inditex 550: 30250 €
  • Nvidia 325: 60992,75 $
  • Tesla 45: 20227,7 $
  • Novo Nordisk 330: 17734,2 €
  • Aurora Innovation 1000: 4580 $
  • Porsche 500: 21660 €

Total: 133844,95 € y 85800,45 $

Por primera vez en mi vida, el valor de mis inversiones supera los doscientos mil euros.

Por la noche me he ido a cenar con mi mujer, como debe ser. Casi le digo que, aunque no pueda verlo, tenemos un Porsche en el garaje.

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