Día lento. He hecho lo justo y lo necesario. Hoy necesitaba silencio.
Una chica con la que hasta ahora no había hablado me ha preguntado si podía dejarle los apuntes. Podia pagar por ellos, aunque no mucho. Me ha hecho gracia. Le he dicho que si me pagaba un café eran suyos. Hemos tenido una conversación interesante. Tiene dos años más que yo, repitió un curso y antes de entrar en la universidad se tomo un año sabático, no uno al estilo anglosajón, viajando por el mundo, sino al estilo español, tirada en el sofá de casa y currando el finde de camarera. Dice que esto le gusta bastante, aunque lo eligió por hacer algo. Me ha gustado que venga a mí, que vea en mí cierto liderazgo.
Ayer vi al narrador. No diré nada más. Solo que algunas conversaciones no se cierran cuando terminan, sino que se quedan funcionando por dentro, como un motor pequeño y constante.
Queda mucho trabajo por hacer.