Padre 22/01/2026

Hoy ha sido un día extraño en el trabajo, de esos en los que no pasa nada concreto pero acabas agotado. He hecho lo justo, que en mi caso es suficiente. No daré, por el momento, detalles sobre el asunto, ya que no hay mucho que contar, pero la inquina suave hacia algunos compañeros, que se va cargando día a día, da lugar a días como hoy, en los que te reseteas para seguir adelante con ese menosprecio de baja intensidad. Supongo que será algo mutuo y, en cualquier caso, nada que no ocurra en el resto de trabajos. Las relaiones laborales son como son, crean la necesidad de encontrar la mierda debajo de la alfombra. Mi mujer tenía una reunión importante y se le notaba desde por la mañana. Creo que no podría sobrevivir en un trabajo como ese.

Hoy he comido en la cafetería. Menú del día. Lentejas y pescado. El camarero me ha preguntado si quería café y he dicho que sí sin pensarlo. A veces me pregunto cuántas decisiones tomo en piloto automático. Probablemente casi todas.

Mi hijo no me ha contado gran cosa del contrato, solo que se lo iban a renovar. Sé leer entre líneas. Me gustaría decirle que la estabilidad no es una rendición, pero no estoy seguro de creerlo del todo. Quizá cada generación necesita cometer sus propios errores, aunque suene a tópico.

Como ven, nada interesante que contar. Soy, en el fondo, un tipo con suerte.

Etiquetas