Madre 18/01/2026

Domingo. Me he levantado sin alarma y, por alguna razón, con más energía de la habitual. He quedado por la mañana con mi amiga Mapi para ir al gimnasio. No es algo que haga todos los domingos, pero ya es la segunda vez que repetimos y, ¡topicazo!, nos hemos propuesto que este año no lo vamos a dejar (se lo ha propuesto ella, que es la que lo deja antes de Semana Santa). Me gusta que sea ella la que me acompañe: no compite, no juzga, no dramatiza. Vamos, hacemos lo que tenemos que hacer y luego comentamos, con una mezcla de ironía y resignación, lo poco que nos entusiasma estar allí y lo mucho que nos tranquiliza haber ido.

El gym en domingo tiene algo de escenario neutral (creo que ya lo comenté). Menos postureo, menos prisa. Cuerpos reales. Hemos hablado mientras estirábamos, primero de cosas prácticas y luego, inevitablemente, de nuestras parejas. No de grandes crisis, sino de ese desgaste fino, casi invisible, que no se puede señalar con el dedo pero se acumula. M. dice que a veces siente que convive con alguien al que quiere mucho, pero al que ya no sorprende. Yo no se lo he dicho, pero entiendo exactamente a qué se refiere.

Después hemos ido de nuevo a tomar un vermut antes de comer. El plan ha surgido solo, como si fuera la continuación natural del ejercicio: mover el cuerpo y luego sentarse a observar el mundo. Terraza al sol, todavía frío, pero soportable. Vermut rojo, aceitunas, ración de calamares, conversación más suelta. Hemos hablado de fidelidad, de deseo, de lo difícil que es explicar que no pasa nada grave y, aun así, sentir que algo se mueve por dentro. Me he descubierto hablando con más franqueza de la que esperaba, sin dramatizar, sin necesidad de conclusiones. Mapi escucha bien. Por supuesto, hablamos de fantasías que, si se diese la circunstancia, no nos atreveríamos a llevar a cabo. Nos daría miedo. Cincuenta años y siempre con los miedos. A Mapi después del esfuerzo le salen unos mofletes rojos hermosísimos, tiene una de esas caras a las que un ligero sobrepeso les sienta genial.

Me lo he pasado muy bien con ella. Merece la pena ir a sudar solo por ese rato, tan terapéutico. El resto del domingo, nada que reseñar.

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