He seguido pensando en un asunto del que ya he hablado y, como tiene que ver con mi parte de los diarios, lo cuento aquí, donde debe estar. Vista desde fuera, mi familia se parece demasiado a la de una serie americana. O española. Padre y madre de mediana edad, hijo mayor un poco perdido, sin un futuro claro, y una hija más joven, aplicada, inteligente, con la sensación de tener las ideas demasiado claras para su edad. Lo escribo y ya parece una sinopsis. Si lo piensas, hay un montón de series y pelis que siguen este esquema, sobretodo en lo que se refiere a mi hermano y a mí.
Me inquieta esa adaptación tan perfecta al cliché. No porque no sea verdad, sino precisamente por eso: porque es tan reconocible que alguien podría pensar que está exagerado, que nadie es así de arquetípico sin estar inventándolo. Me da miedo que, si alguien leyera esto, dude de que somos reales.
Mi hermano encaja demasiado bien en el papel del mayor desorientado, incluso cuando se esfuerza por no parecerlo. Mis padres también cumplen con lo que se espera de ellos, cada uno a su manera. Y yo… yo tengo miedo de estar cumpliendo con lo que se espera de mí sin darme cuenta.
Tal vez todas las familias se parecen más de lo que creemos (¿eso era de Dovstoieski o de Tolstoi?), y lo único que cambia es el decorado. Aun así, me incomoda pensar que mi vida pueda leerse como una ficción previsible. No quiero que lo que me pasa sea increíble por lo contrario: por resultar demasiado creíble.