No tengo absolutamente nada que contar.
Podría contar cosas tan innecesarias como que hay tipos en el curro a los que les gusta ducharse allí después de fichar, y otros, como yo, que nos duchamos en casa. O el menos en mi caso, otros tal vez no se duchen en ninguno de los dos sitios.
Como no tengo nada que contar, sigo con Nicole. A veces busco en internet entrevistas o documentos que expliquen cómo una mujer así acabó en el mundo del porno. Siempre pienso en familias disfuncionales, o en niñas que pasan su infancia en reformatorios, si es que esos sitios existen fuera de las películas y los libros. Hay poca información, poca biografía. Me parece raro, pues somos millones los que acudimos a estas diosas de un modo similar al que los miembros de una secta adoran al lider. Eso creo. Esta información nos satisfacería de un modo complementario al de la mera masturbación. Por otra parte, me parece maravilloso que una mujer hermosa, o un hombre musculado con un pene enorme, dediquen su vida a crear escenas con el propósito único de que que el mundo dedique a su vez un cuarto de hora a masturbarse. Hay algo fascinante y revolucionario en eso. Nicole Aniston está, sin duda, en mi top cinco en lo que a esta función respecta. Le he dedicado muchas horas de mi vida, y creo que voy a alimentar este cálculo en cuanto deje el teclado.
¿Me atreveré a enviar esto? ¿Contaría mi hermana con esta forma de desnudarnos? A la mierda todo. Click.