Padre 12/01/2026

Lunes otra vez.

La bolsa ha abierto tranquila. Demasiado, dirían algunos. Yo ya no sé si fiarme de los días tranquilos o de los movidos. Me gusta mirar el premarket de las bolsas europeas a primera hora de la mañana, a pesar de comprobar una y otra vez que no sirve para nada. Tengo descargada la app de Investing, donde puede verse en tiempo real. En el coche tengo un soporte para colocar el móvil, y, cuando voy al trabajo después de dejar a mi hijo en el suyo, o cuando vuelvo a casa, podría ver ahí la variación de las cotizaciones, lo que me haría el trayecto mucho más entretenido. Pero me da verguenza que, por ejemplo, en un semáforo el coche de al lado me vea. Este diario es el lugar para estas pequeñas confesiones, que, supongo, serán del agrado del lector. Humillarse siempre gusta al público, ¿no somos el país de la telebasura?

Hoy por la tarde me he tumbado en el sofá y he conseguido dormir un poco viendo el informativo del canal 24 Horas de Televisión Española, aunque las noticias no eran precisamente tranquilizadoras. Después me he puesto a la tarea. Tengo quince mil euros ahorrados del año pasado, y tengo que buscar un valor en el que invertirlos. No quiero fondos indexados ni sectoriales, ni bonos, ni letras, ni mucho menos depósitos garantizados. Quiero sentir la adrenalina de apostar por una empresa y ver que pasa. Además, de momento me ha ido bastante bien. He estado viendo artículos y vídeos con recomendaciones, aunque a todos estos que recomiendan los considero juez y parte de algo. Tal vez invierta en dos valores, diez mil en cada uno, uno mas conservador y otros más arriesgado. No lo se. Si se que serán valores europeos, la bolsa americana ha subido tanto, y es tan explosiva, que me da miedo. No obstante, como se suele decir, cuando Trump estornuda aquí nos acatarramos. Me he puesto como fecha límite el 31 de este mes para que el dinero este invertido.

Con ese dinero, mis inversiones ya superarán con holgura los doscientos mil euros de valor, si decidiese vender lo que tengo. Es decir, si consiguiese una rentabilidad dl quince por ciento podría vivir sin trabajar. No tengo intención de hacerlo, pero me gusta pensar que he creado una estructura que podría permitírmelo.

Hablando de trabajo, algunos de mis compañeros son gilipollas. No suelo hablar así, pero hoy me siento suelto. Son los que me han tocado, que se le va a hacer. He disfrutado escribiendo esto.

Por la tarde he estado revisando papeles antiguos. Bancos, extractos, contratos que ya no dicen nada. He encontrado documentos de hace más de diez años. Me ha sorprendido lo poco que ha cambiado todo y, al mismo tiempo, lo mucho que ha cambiado yo.

He hablado poco hoy. Me doy cuenta de que cuando hablo es para informar, no para contar. No sé si siempre fue así.

La noche ha sido silenciosa. He cenado ligero. He mirado un rato la televisión sin fijarme demasiado. Mañana será martes. Y eso, en sí mismo, no significa nada.

Etiquetas