Hoy estoy de mal humor. Todo el mundo habla de lo mismo: lo de Maduro. Detenido. Preso. Golpe histórico. Injerencia. Derecho internacional. Dedito arriba o dedito abajo. Cada cual coloca su titular como le da la gana para confirmar lo que ya pensaba antes. Las redes son un circo, pero también un reflejo del periodismo pagado. Es increíble la cantidad de imbéciles que hay en tik tok. Por suerte no hay clases. Ya estarían los pesados de las movilizaciones obligándote a decidir. Hasta en nuestra facultad parece más importante alinearse rápido que tener un mínimo pensamiento crítico.
Mi amiga Noelia (nombre falso) me ha dicho que va a ir a una manifestación esta tarde, convocada por no se que partidos y plataformas. Si lo se, pero no lo quiero poner aquí. Me lo ha dicho como si fuera obvio que yo también iba a ir. Le he dicho que no. Se ha quedado un poco rara, lo que deduzco de ver en la pantalla escribiendo… un buen rato para luego poner solo ??. Luego ha añadido que después irán a tomar algo, “que seguro que se alarga”. Ahí ya me he desconectado del todo.
No soporto ese activismo. Ir a un sitio, estar de pie dos horas, hacer cuatro fotos, gritar tres consignas recicladas que te impone otro y luego irte de cañas como si acabases de cambiar el mundo. Militancia cómoda. Sin riesgo, sin coste real. Cumples expediente moral y ya puedes dormir tranquilo. Me parece hipócrita. Y perezoso. Por lo que dicen, muy de nuestra generación, aunque duela decirlo. Por cierto, sobre mi amiga Noelia: padre médico y madre directora de sucursal bancaria de esos bancos de color azul. Apartamento en Benidorm y hermano cursando un master de los caros. Si, es demagogia, pero eso hoy si me apetece ponerlo aquí.
Por otra parte, no es que yo tenga una postura clarísima sobre Venezuela. No la tengo. Sé que es complejo, que hay víctimas, que hay intereses cruzados. Y tampoco me gusta reducirlo todo a una cuestión de buenos y malos. ¿No somos universitarios para huir de esas reducciones? Ya estarán esos tipos de la facultad que parecen abuelos, con sus chaquetas largas, hablando de imperialismo y cosas así. Igual tienen razón, pero me aburren tanto. Por todas estas cosas me da rabia que todo se reduzca a un plan de tarde. Como si el compromiso fuese una actividad más en la agenda, entre el gimnasio y el vermut.
En resumen, que he discutido un poco por wasap. Nada grave, pero me he notado agresiva. Como si necesitara marcar distancia. Al final no he ido a ningún sitio. Me he quedado en casa, leyendo titulares sin abrirlos, escuchando música y pensando que a veces estar quieta es más honesto que moverse por inercia. Pero, claro, algún precio estoy pagando también por no estar, sobretodo cuando hay gente que me esperaba allí. La obligación de tomar partido y hacer cosas a las que no le ves sentido también debe ser parte del negocio. No hay manera de no sentirse incómoda con estas cosas.
No tengo ganas de salvar el mundo ni de fingir que lo hago. Ni de crearme un disfraz que tenga que estar constantemente alimentando. Mañana es Reyes. Me encantaría creer que no son los padres, pero lo cierto es que lo son.