Hijo 2/01/2026

Trabajo. Mientras todos duermen un poco más, yo me levanto y voy. También mi sufrido padre se ha levantado para llevarme. Se lo agradezco, el termómetro del coche marca dos grados. ¿Seguirá haciéndolo cuando cumpla los treinta? ¿Y los cuarenta? La gente habla de volver a la rutina después de Reyes, pero para volver a la rutina antes hay que romperla.

Nochevieja prescindible. Siempre se habla de la sabiduría de los mayores, pero ni siquiera lo que contaba la abuela me acabó de interesar. Salí un buen rato, hasta las seis de la mañana. No pasó nada memorable, lo cual, visto con perspectiva, es casi un alivio. Bebimos, hablamos de lo de siempre, miramos a tías buenas que no nos eligieron. No hubo revelaciones ni promesas solemnes. Rubén acabó muy borracho, y unos tipos estuvieron a punto de acabar a hostias, pero al final los separaron. Todo bien.

Según algunos estudios, el consumo de porno se dispara en estas fechas, especialmente el día 1 de enero por la tarde. Supongo que tiene sentido: resaca, soledad, tiempo muerto. Me parece curioso cómo algo tan privado se convierte en un fenómeno estadístico, medible, casi previsible. Como todo lo demás. He tenido mi sesión, por si alguien esperaba el dato.

Los demás tienen fiesta hoy. No me molesta tanto como debería. Mi contrato de cuatro semana no genera vacaciones, se cobran con el finiquito. Trabajo, vuelvo a casa, como, y mañana ya veremos. Cuando mi padre me lleva en el coche me siento un jornalero. Debería ser más de izquierdas, supongo. Así ha empezado el año.

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