Mañana es Nochevieja, y hoy todo gira alrededor de eso sin que todavía pase nada. Me gusta esa sensación de víspera, de estar a medio camino entre lo que ya se acaba y lo que todavía no ha empezado. La próxima vez que escriba será 2026. Me inquieta la idea de que el tiempo sea solo una convención humana, civilizada, un orden que nos hemos dado totalmente ajeno al mundo. Pensar que el tic tac del reloj tiene que ver con el mundo es una superstición casi religiosa, pero, ¿quién puede resistirse a la idea de que el día 31 a las doce hay algo que hace click?
He pasado parte de la tarde pensando qué me voy a poner mañana. No es solo ropa, es otra cosa. Quiero algo más arriesgado de lo normal, algo que no usaría cualquier otro día. No para llamar la atención de alguien concreto, sino para sentir que esta noche no es una repetición. La gente sale distinta en Nochevieja, más suelta, más exagerada, mostrando una versión de si mismo que parece esconder capacidades que antes se ocultan. Y claro, mucha gente se pasa de frenada y resulta ridícula, impostada. Me apetece jugar a eso. Que la gente me mire, intente conocerme y, de algún modo, me ponga precio.
Hoy he tenido un roce con mi madre. Nada importante, pero lo suficiente como para que ahora me ronde la cabeza. Estábamos hablando de una tontería y le he soltado una frase injusta, rápida, con esa crueldad ligera que a veces tengo. Ella, en la conversación, se ha puesto altanera, como si estuviese en su puta oficina, donde, de pensamiento, palabra, obra u omisión, como dice la oración, está casi siempre, y no en la cocina de su casa. Creo que lo ha hecho sin darse cuenta, pero yo he reaccionado. No del mejor modo, confieso. En el momento me ha servido para marcar distancia. Ahora me doy cuenta de que no se lo merece. Creo que, en el fondo, me da miedo parecerme a ella y ataco justo ahí, como si así pudiera evitarlo. Es absurdo, pero todavía no sé defenderme de otra manera.
Esta noche me voy a las preuvas con las amigas del bachillerato. Comencé a ir con ellas, y lo hemos fijado como tradición. Será divertido y frívolo. Ejemplo: Alis está saliendo con Jorge, un tipo bastante majo con el que yo me liaba en el instituto de vez en cuando. También Marta, que viene esta noche, se lió después con él. Ese tipo de grupo y ese tipo de conversaciones; risas y despreocupación por las cosas importantes, perfecto para una fiesta postiza como esta de las preuvas. Otra cosa, he estado escuchado a Cala Vento y a Cupido por recomendación de una amiga (a la que no nombro ni siquiera con nombre falso), y me han gustado mucho. Es fantástico descubrir nueva música.
No tengo propósitos para el año nuevo, me digo, pero no es cierto. Me da un poco de vergüenza pensar que el cambio de número va a cambiar algo, pero también yo necesito mi pequeña dosis de creencias infundadas. Hoy saldré, mañana también, me arreglaré más de lo habitual, labios red russian, pestañas al cielo, brindaré con gente que ahora mismo no imagino del todo, les mostraré que detrás de la máscara les puedo hablar de Proust si la ocasión lo requiere, aunque no lo requerirá. Hoy solo estoy aquí, esperando. Y eso también forma parte del ritual.