Nochebuena. No trabajo.
He dormido hasta tarde. El cuerpo lo ha agradecido. En casa había movimiento desde temprano, pero no me he sentido obligado a participar, ni nadie ha reclamado mi ayuda.
He mandado mensajes a gente que no veo en meses, felicitaciones automáticas, memes. Todo el mundo parece necesitar confirmar que sigue existiendo en la vida de los demás. He contestado lo justo, pero se agradece que alguien se acuerde de tí, aunque sea así, reenviando el meme de moda que manda a todo el mundo.
Cenamos fuera, en casa de mi tía. No tengo ninguna expectativa. Me sentaré donde pueda, comeré lo que toque, hablaré con quien se siente a mi lado. Me caen bien mis primos, aunque nos vemos poco. Mis tíos también me caen bien. Esa si parece una familia de comedia americana. Por si acaso, me llevo el móvil a tope de batería. No es cinismo, es prevención.
Después de la cena volveremos tarde, mi tío y mi prima prepararán algún jueguecito, seguro. Mañana hay comida en casa y, aunque no lo diga, me apetece. Estar en casa, sin visitas, sin familia extendida, tiene algo de refugio.
Lo dejo aquí, hoy toca texto breve. Me voy a dar una vuelta con unos colegas. Solo un par de cervezas, no quiero llegar a casa de mi tía y que piensen que, además de un fracasado, no me se controlar.