Escribo antes de la cena para dejar cerrado este asunto. Esta noche no es para escribir, sino para resistir.
He pasado la mañana cocinando. El cochinillo queda para mañana, hoy he terminado de preparar un micuit que limpié y mariné ayer. Cocinar me calma, aunque solo suelo hacerlo los fines de semana y días especiales como estos. En la cocina hay una lógica clara: haces esto, ocurre aquello. No hay dobles lecturas ni interpretaciones. Es un sistema honesto. El año pasado gustó el micuit, así que este repito. Mi hija dejó algún tópico sobre el maltrato de los patos en las granjas, pero comió como los demás.
Por la tarde me he duchado temprano y me he puesto la camisa buena, la que uso poco. Mi mujer iba y venía por la casa, concentrada en otra cosa. No nos hemos dicho nada relevante. Tampoco hacía falta. Nos entendemos bien en el silencio funcional.
La familia de mi mujer es correcta. Gente amable, educada, sin estridencias. Nunca he tenido un conflicto con ellos. Eso, con los años, se vuelve extraño. Como si faltase algo. A veces pienso que un pequeño choque habría servido para delimitar territorios. Pero no. Todo es cordialidad, bromas previsibles, armonía de manual.
El marido de mi cuñada es un tipo simpático. Siempre lo ha sido. Podría animar un entierro, dio una vez mi mujer. Hace reír a mi suegra, lo que me deja siempre cierta deuda. No tengo nada contra él. No compito con él. No creo. Pero hay presencias que ocupan el espacio con una naturalidad que a otros nos cuesta. Yo no sirvo para eso. Yo sirvo para otras cosas. Cocinar. Proveer. Mantener el conjunto estable.
Mis hijos irán a su aire. Ya no son niños. Se ha puesto de moda salir por la tarde el día de Nochebuena, y acudirán allí por su cuenta. Esa madurez alivia y pesa a la vez. La Navidad, cuando los hijos crecen, se convierte en una representación algo vacía. Mantienes la escenografía por inercia.
Saldremos en breve. Mientras mi mujer se arregla aprovecho para abrir el portátil. El micuit y el vino están ya en una bonita bolsa con motivos navideños. Hace frío. Pienso que mañana, cuando todo esto haya pasado, estaré en la cocina, solo, preparando la comida. Ese será el momento tranquilo. La Navidad, para mí, empieza el día 25 por la tarde, cuando ya se ha cumplido con todo.