Padre 16/12/2025

El lunes se ha prolongado hasta hoy. Hay días que no terminan cuando se supone que deben hacerlo.

En el trabajo he cumplido. Nada reseñable. He firmado, he revisado, he asistido a una reunión innecesaria en la que he hablado lo justo para que conste que estaba allí. Me he sorprendido a mí mismo defendiendo, sin vehemencia, una postura prudente frente a un compañero que proponía “modernizar procedimientos”. La modernización siempre suena bien cuando no te obliga a cambiar nada esencial. Ultimamente le doy muchas vueltas a estos asuntos. Me quedan doce años para jubilarme, nadie espera que modernice nada. Por otra parte, soy un funcionario, la esencia del inmovilismo, del actuar solo bajo orden superior.

Durante toda la mañana he pensado en mi hijo. La nave del polígono me ha parecido, desde fuera, canónica. Ninguna aspiración estética, pintura sucia en las paredes, cuatro muelles todavía sin camiones. A las siete estábamos allí. Hemos llegado a la vez que otro coche, del que ha salido un tipo con la ropa de trabajo puesta. Mi hijo ha abierto la mochila y se ha puesto a mirar lo que había dentro. Era evidente que no quería salir del coche y coincidir con ese hombre, por timidez, o por que no viera que es su padre quien le trae al trabajo. Le he empezado a decir que el sitio no tenía mala pinta, por decir algo, y por esperar a que el camino estuviese despejado. Cuando me he ido se me han humedecido los ojos. Lo he imaginado observando, callando, sintiéndose fuera de lugar. Por supuesto, me he reprochado esa manera de infantilizarlo. A su edad a mi no me faltaba mucho para ser padre, su padre. Eran otros tiempos, me digo, pero es mentira; también yo era así, siempre un poco fuera de sitio, incómodo, viviendo sobretodo piel adentro. Entonces era más fácil entrar en la administración pública. Eso me dio cierto sitio en el mundo, una especie de carta de presentación, por eso le recomiendo que siga mis pasos, porque se que en otros caminos habrá más piedras con las que tropezar. He estado a punto de mandarle un whatsapp a ver que tal le iba, pero he conseguido no hacerlo. Que cuente el lo que quiera contar. Hay una línea fina entre el acompañamiento y la invasión, y con él suelo cruzarla sin darme cuenta.

Por la tarde, al volver a casa, he notado una tensión leve. No discusión, no malestar abierto. Algo más sutil. Como si todos estuviéramos midiendo el peso de este experimento sin decirlo. Tal vez solo sean imaginaciones mías, y la tensión sea la misma de siempre. Escribir cambia cosas, obliga a arriesgar, aunque sea con comedimiento. ¿Y si mi hija solo quisiera que esta familia fuese mejor?

De nuevo he salido a caminar después de cenar. Ruta habitual. Café cerrado. Bar de siempre con la misma gente dentro. Mujer hermosa y deseable que pasea a su perro junto a otra mujer no tan hermosa y deseable. La gente que pasea perros suele fumar. Los amos esclavizan a sus perros, y los perros esclavizan a sus amos. Debemos estar a cero grados. Llevo mi chaqueta de The North Face de ciento setenta euros. Los americanos dicen «traje de mil dólares»; no creo que falte mucho para que esa moda llegue a España, la de decir cuanto cuesta lo que llevas encima. Me gusta meter estas apreciaciones en el diario, por afán literario. Espero que el tipo al que se lo mando no lo corrija.

Antes de dormir he revisado los números. Dos mil eurillos más que el viernes pasado. Casi es el sueldo de un mes. Más de lo que ganan familias enteras. Mañana pueden ser dos mil menos, esto funciona así. Aquí hay poca estabilidad, algo de riesgo, una excepción en mi vida. Este año que termina he ganado bastante pasta, aunque para eso tendría que vender.

Santander 4325: 42458,52 €
CaixaBank 1800: 18288 €
Inditex 550: 30008 €
Nvidia 325: 57559 $
Tesla 45: 22044,6 $
Novo Nordisk 330: 13695 €
Aurora Innovation 1000: 4120 $

Total: 104449,52 € y 83723,6,7 $

Mañana será miércoles. Antes íbamos toda la familia al cine, aprovechando el día del espectador. Nada más hermoso que una familia de trabajadores yendo al cine el día del espectador, ahorrarse unos euros para acceder a la cultura. Era difícil elegir película, ya que nuestros hijos se llevan siete años, pero nos las arreglábamos. Al menos puedo decir que hoy en día nos gusta el cine, aunque no se si esos miércoles serán el motivo.

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