Ayer trabajé ocho horas en un almacén. Clasificar cajas, códigos y más cajas. Contar y apuntar en un papelito, todo eso con mi título universitario en el bolsillo, del que, evidentemente, no hice ninguna mención. El encargado dijo que quizá me llamen la semana que viene. Quizá. Esa palabra podría ser el título de mi vida. “Quizá más adelante”. “Quizá salga algo mejor”. “Quizá te estabilices”. “Quizá encuentres piso”. Como si uno pudiera vivir de quizás.
Al volver a casa he pasado por delante de un piso en alquiler. 780 euros por 35 metros cuadrados. Me ha entrado la risa. De la amarga, claro. La que te da cuando te das cuenta de que los adultos siempre hablaban de futuro como si fuese un sitio al que se llega solo con desearlo. Pues aquí estoy yo, en el futuro, viviendo en una habitación que ya no debería ser mía, viendo a mis padres mirarme con esa mezcla de cariño y decepción que creen que no noto, pero sí, como cuando vuelvo de estos trabajos de mierda.
Pero pasemos a cosas frívolas. Si esto es un diario, lo frívolo ha de estar presente. No soy Aristóteles; ni puedo serlo ni lo pretendo. Ayer perdió el Madrid. Madrid cero Celta dos. Suficiente para mi. También mi Atleti perdió, y perdió bien, merecido, contra el Bilbao. Yo le llamo el Bilbao porque no me gustan los de Bilbao, sin motivo alguno. Lo importante es que el Madrid pierda. Con eso me basta. A veces pienso que si no existiera el Madrid, mi vida sería incluso más gris. Tener algo que detestar de forma sana te mantiene vivo.
No sé si debería escribir esto, pero me he dicho que si voy a hacer un diario, mejor que sea de verdad. Llevo semanas intentando controlar lo de… bueno, lo de mis “hábitos digitales”. Llamarlo adicción me parece exagerado, pero tampoco tengo otra palabra. Supongo que es más fácil sumergirse ahí que enfrentarse a lo que sea que pasa afuera. Al menos ahí las cosas son simples, directas. Cero riesgo. Cero vergüenza. Aunque luego venga la culpa. Pero ya escribiré sobre eso otro día. Mi hermana dice que lo mejor es contarlo todo, no tratar de salir guapos en la foto. No será fácil, y tampoco estaría mal salir guapo en la foto. Dice que escribir es una forma de ordenar la cabeza, aunque probablemente es algo que dejó caer para que yo lo recogiera, para que actuase a su favor. Pero… a ver si tiene razón. Ella siempre parece tener una brújula interna. Yo tengo un mapa borroso y una linterna que parpadea.
En fin. Lo cierto es que con todo este asunto hoy me siento un poco menos invisible. Quizá no sea tan mala idea, y me permita no desaparecer del todo.